En consulta: tengo depresión
Por Fran Camps Ruiz
Decir “tengo depresión” puede sonar a algo distante, como si lo que sentimos pudiera resumirse en un nombre, una etiqueta o una lista de síntomas.
Sin embargo, cuando nos detenemos a mirar más de cerca, descubrimos que detrás de ese término clínico hay una historia viva, llena de emociones y experiencias que merecen ser escuchadas y comprendidas.
Más allá de la etiqueta
En terapia, esa historia empieza a revelarse cuando alguien nos mira de verdad.
No se trata solo de ofrecer respuestas, de dar consejos o soluciones rápidas, sino de crear un espacio donde la experiencia emocional puede existir sin juicio.
Es allí donde la depresión deja de ser un concepto abstracto y se transforma en algo humano y tangible.
La rabia escondida
Para muchas personas, detrás de la depresión se encuentra la rabia. Una rabia que muchas veces ha sido ignorada o reprimida, pero que es un componente esencial de lo que sienten:
Rabia por no ser vistas.
Rabia por no escucharse a sí mismas.
Rabia por tener que mantener la apariencia de "estar bien".
Rabia por no cuidarse ni recibir cuidado.
Reconocer esta rabia no disminuye el dolor, pero permite que la emoción tenga un lugar donde ser transitada, comprendida y contenida.
Mirar con compasión
Mirar la depresión con compasión implica reconocerla como una vivencia y no solo como un diagnóstico.
Implica validar lo que la persona siente y acompañarla en su proceso, sin tratar de eliminar la emoción de inmediato. Este acto de presencia genera un efecto profundo: transforma la soledad de la depresión en una experiencia compartida, donde la persona se siente sostenida.
En este contexto, la ternura y la atención consciente se vuelven herramientas poderosas. No eliminan la dificultad, pero la hacen transitable.
Nos recuerdan que somos seres en relación, y que no existe camino emocional en soledad absoluta.
La fuerza del acompañamiento
En última instancia, lo que emerge es una sensación de alivio: entender que las emociones difíciles no necesitan ser enfrentadas únicamente por uno mismo.
La superación y la resiliencia se construyen también en la presencia del otro, en el reconocimiento compartido, en la mirada que dice sin palabras:
“Estoy aquí contigo”.
Es en esta mirada, en este acompañamiento silencioso, donde muchas veces se encuentra la fuerza para continuar.
Reconocer la depresión como experiencia humana nos permite respirar y transitar nuestras emociones con dignidad, transformando la soledad en un espacio habitable.
¿Sientes que nadie ve lo que hay detrás de tu depresión? Hablemos. Tu historia merece ser escuchada.