¿Quieres entenderte mejor?
por Fran Camps Ruiz
En la vida cotidiana nos enfrentamos constantemente a decisiones: algunas pequeñas, como qué comer hoy, y otras trascendentes, como cambiar de trabajo, iniciar una relación o decir adiós a lo que ya no nos nutre.
En medio de esas elecciones solemos sentir confusión, dudas o incluso parálisis.
Tenemos un mapa muy valioso para orientarnos en estas encrucijadas: el Self. No es una “cosa” fija ni una identidad inmutable, sino un proceso vivo que se despliega en tres funciones: ello, personalidad y yo.
Entender cómo funcionan no solo nos ayuda a conocernos mejor, sino también a tomar decisiones con mayor claridad y a vivir de manera más plena.
El Ello: la energía que empuja desde dentro
El ello es la raíz de nuestro movimiento vital. Representa necesidades, deseos, impulsos y emociones que emergen de manera espontánea.
Es la sensación que aparece en el cuerpo antes de que la mente lo formule: el hambre que nos lleva a buscar comida, el cansancio que pide descanso, la alegría que nos abre al encuentro o la rabia que nos invita a poner un límite.
En muchas ocasiones ignoramos este empuje porque hemos aprendido a desconectarnos de él. Sin embargo, escuchar al ello es fundamental: nos recuerda que somos seres vivos con necesidades legítimas.
👉 Ejemplo práctico: Imagina que estás dudando si aceptar una invitación. El ello se manifiesta como esa corazonada inicial: ¿te entusiasma o te contrae? Ese primer pulso es información valiosa sobre lo que necesitas.
La Personalidad: el relato que nos sostiene
La función personalidad es el conjunto de historias, creencias y valores que nos definen. Es la respuesta a la pregunta: ¿Quién soy?
Nos aporta estabilidad e identidad, pues recoge todo lo que hemos aprendido y vivido. Pero también puede limitarnos cuando repetimos viejas narrativas sin cuestionarlas.
Tal vez nos decimos: “yo siempre me sacrifico por los demás”, “yo no soy creativo” o “en mi familia nunca se arriesga”. Estas ideas nos sostienen, pero si se vuelven rígidas, pueden convertirse en una cárcel invisible.
👉 Ejemplo práctico: Si dudas en tomar un nuevo trabajo, tu personalidad puede susurrar: “no lo intentes, nunca has sido bueno para los cambios”. Reconocer esa voz no significa creerle ciegamente, sino ponerla en contexto: ¿realmente hoy sigue siendo verdad?
El Yo: el puente que elige
El yo (o función ego) es quien se sitúa en el cruce de caminos. Escucha la fuerza del ello y las narrativas de la personalidad, y desde ahí elige: esto sí, esto no.
Es la capacidad de decidir, aceptar o rechazar.
Cuando el yo está presente, nuestras elecciones son libres y flexibles. Cuando está ausente, solemos vivir en piloto automático: atrapados en impulsos desbordados o repitiendo creencias sin revisarlas.
👉 Ejemplo práctico: Si te invitan a un proyecto, el ello puede sentir entusiasmo, tu personalidad puede advertir que antes fracasaste en algo similar, y tu yo puede decidir: “quiero intentarlo, pero con más apoyo esta vez”. Esa integración es lo que convierte la elección en un acto consciente.
El Self como brújula para la vida
El Self no es algo externo a nosotros, sino un proceso que ocurre en cada instante de la experiencia. Cuando aprendemos a escuchar estas tres funciones, encontramos una brújula interna:
El ello nos conecta con la autenticidad de lo que sentimos.
La personalidad nos recuerda nuestra historia y nos da un suelo sobre el cual apoyarnos.
El yo nos permite elegir con libertad, integrando lo que surge y lo que ya sabemos.
Vivir con plenitud no significa acertar siempre, sino elegir de manera consciente. Es sentir que nuestras decisiones no son producto del miedo ni de la costumbre, sino de un diálogo entre nuestro cuerpo, nuestra historia y nuestra capacidad de decidir aquí y ahora.
Una práctica sencilla
La próxima vez que tengas que tomar una decisión, detente un momento y pregúntate:
Ello: ¿Qué siento ahora en mi cuerpo?
Personalidad: ¿Qué historia o creencia aparece?
Yo: Con todo esto, ¿qué quiero elegir hoy?
Ese pequeño gesto puede transformar la manera en que te relacionas con la vida. Porque cuando alineamos lo que sentimos, lo que somos y lo que elegimos, cada paso se convierte en un acto de plenitud.
¿Te cuesta tomar decisiones o sientes que vives en piloto automático? Vamos a poner orden.