Tus emociones no son solo tuyas
por Fran Camps Ruiz
A menudo creemos que las emociones son algo que “tenemos dentro”, como si fueran un equipaje personal que cargamos de manera aislada.
Pero la realidad es distinta: las emociones no nacen solo en tu interior, sino en la frontera entre tú y tu entorno.
Cada emoción surge como una respuesta a lo que vives en relación con el mundo: con otras personas, con las situaciones que enfrentas, con lo que deseas y lo que rechazas.
Son señales que orientan, como faros que te muestran qué necesitas, qué te duele, qué te entusiasma o qué te amenaza.
Las emociones como brújula
Imagina que tus emociones fueran un GPS. No son un obstáculo, sino una guía: señalan hacia dónde ir y de qué alejarte. No aparecen porque sí: siempre responden a algo que ocurre en tu interacción con el entorno.
Alegría: Aparece cuando algo afuera conecta con tu deseo de abrirte, disfrutar y expandirte.
Miedo: Surge porque percibes una amenaza o un límite que necesita ser atendido con precaución.
Enfado: Se activa cuando algo invade tu espacio o vulnera tus derechos, y necesitas marcar un límite.
Tristeza: Te invita a recogerte, a elaborar una pérdida o a dejar ir lo que ya no está.
Asco: Es un rechazo natural que te protege de lo que resulta tóxico o dañino para ti.
Cada emoción cumple una función adaptativa: no son buenas ni malas, simplemente te orientan en tu relación con la vida.
No son tuyas… son del campo
En Terapia Gestalt hablamos de que las emociones no pertenecen solo al individuo, sino al campo: el espacio compartido entre la persona y su entorno.
Si lloras por una pérdida, no lloras en el vacío: lloras por un vínculo roto. Si sientes rabia, no surge de la nada: responde a una situación concreta, a un “otro” que te afecta.
Esto cambia la perspectiva. En lugar de culparte por sentir, puedes preguntarte:
¿Qué me está señalando esta emoción sobre mi relación con el mundo?
¿Qué necesidad está poniendo en evidencia?
Vivir en diálogo con las emociones
Reconocer que tus emociones no son solo tuyas te ayuda a salir de la idea de que sentir es un problema. Al contrario: sentir es un recurso. Las emociones te mantienen en contacto con la vida y con lo que importa.
Fíjate en lo que te piden:
Si sientes tristeza, tal vez necesites apoyo o consuelo.
Si sientes miedo, quizá necesites buscar protección o cuidado.
Si sientes alegría, es el momento de abrirte y compartir.
Si sientes enfado, es hora de poner un límite firme.
Si sientes asco, presta atención y aléjate: algo no te hace bien.
Conclusión
Tus emociones no son defectos que hay que controlar, ni cargas que debas llevar en silencio. Son respuestas vivas a lo que ocurre entre tú y tu entorno.
Funcionan como un lenguaje que, si aprendes a escuchar, te orienta hacia lo que necesitas para cuidarte, crecer y vivir con mayor autenticidad.
La próxima vez que una emoción aparezca, no te preguntes solo “¿por qué siento esto?”, sino también: “¿Qué me está diciendo esto sobre mi relación con el mundo?”. Ahí está la clave.
¿Te sientes desbordado por tus emociones y no sabes qué te están diciendo? Aprendamos a escucharlas juntos.